jueves, 3 de abril de 2008

DIARIO DE VIAJE DE LA INMIGRANTE: LA VISITA A LOS DE ALLÍ

31 de marzo de 2008

MAL VENIDOS A SANTA BARBARA AIRLINES

Las siete de la mañana clavadas. Mauricio, Carmita y Paola nos despiden en el aeropuerto de Quito. Nosotros no estábamos muy locuaces, ya que la noche anterior, al hacer las maletas, nos dimos cuenta de que nos faltaba dinero: sí, un segundo robo en once días.

Estábamos nerviosos. La inseguridad que habíamos vivido nos transformó en unos perfectos paranoicos porque ya habíamos comprobado con nuestros propios ojos cómo trabajan las fuerzas de seguridad del Ecuador (positivamente hablando, puedo decir que trabajan “no muy bien”, pero ustedes pueden sacar sus propias conclusiones, de acuerdo con todo lo que hemos ido contando en este blog).

El caso es que nuestro vuelo, que debía salir a las nueve y media de la mañana, no aparecía en las pantallas del aeropuerto. Lo entendimos: viviríamos otra jornada tensa, de mentiras, manoseos y reclamos:

- Las mentiras y manoseos que los latinoamericanos protagonizamos y padecemos a diario.
- Los reclamos que los latinoamericanos no llevamos a cabo a diario.

Recargamos fuerzas con un desayuno, ya que el día y la espera iban a ser importantes. Y luego empezaron los gritos: “¡UNA AUTORIDAD, UNA AUTORIDAD!”.







Por suerte, había unos pocos que se habían dado cuenta de que había que empezar a quejarse. Por arte de magia, al unirnos al “piquete”, nos rodearon muchos policías, y algunos, se reían de nosotros y todo. Menos mal que los pudimos divertir, porque con el sueldo que ganan es imposible que puedan gastar dinero en ocio.

El buzón de sugerencias se transformó en buzón de QUEJAS



Dejando de lado el sarcasmo, me pregunto:

¿Un policía de Ecuador se ríe de la gente a la que tiene que defender y proteger, y ampara a los delincuentes?

Mejor aplicar nuevamente la filosofía de la relativilization.

Fueron seis horas y media de mentiras y descaro. Nos denigraron e hicieron un único trabajo efectivo: confirmarnos la certeza de que nunca más viajaremos con Santa Bárbara Airlines, y que, si volvemos a Ecuador, lo haremos con un sabor de boca amargo, o por lo menos, ácido.

Un guardia de seguridad, el señor Bolívar Narváez, con número de matrícula 171128900-7 de LAAR Seguridad, nos vaciló, se rió, no nos ayudó, no trabajó, no fue efectivo. El señor Bolívar, con su actuación, tal vez sea la respuesta a la pregunta que acabo de hacer más arriba.

Pero mejor: relativilization.

El viaje de Ecuapop fue un viaje de prejuicios, pero también de juicios:

- CADENA PERPETUA A SANTA BÁRBARA AIRLINES.
- CADENA PERPETUA A AMÉRCIA LATINA Y NUESTRAS REPÚBLICAS BANANERAS: TAL VEZ NOS MERECEMOS LO QUE TENEMOS.

lunes, 31 de marzo de 2008

INMIGRANTE Y GUIONISTA: EL VIAJE TERMINA PERO ECUAPOP SIGUE



30 de Marzo de 2008


Hasta siempre Ecuador


¿Hasta siempre se dice cuando tienes la esperanza de volver pero no sabes cuando?

Este viaje se acaba, pero este blog continuará porque Ecuapop sigue viajando: ahora le toca pasear por discos duros y códigos de tiempo, para culminar -esperemos- en no sólo estuches de DVD. Por eso, esperamos que nos sigan a través de estas lineas y textos futuros.
Entre ayer y el sábado acabamos el rodaje de Ecuapop. Grabamos en un bar/karaoke (¡Quito está lleno de bares con karaoke!), en un locutorio con ordenadores, en la tienda de disfraces de Mauricio, en la calle de La Ronda y en el Panecillo. Una de las conclusiones (y anticipo) que les podemos desvelar de Ecuapop es que habrá variedad de opiniones, y decisiones de vida. Algo tan variado, y a veces tan contradictorio como Ecuador, Argentina, Latinoamérica y nuestro pensamiento cuando pongamos un pie fuera de Quito.





Uno de los personajes indirectos de Ecuapop, al despedirnos, nos dijo que lo importante y valioso es irse con más dudas y preguntas que cuando llegamos. En nuestro caso, nada más acertado: se puede ver al leer de punta a punta este diario de viaje, lleno de cambios de ánimo, paradojas y contradicciones.

Ya es hora de irse. Y seguro que ustedes agradecerán que esta entrada sea tan breve.

Hasta siempre Ecuador, y gracias, mil gracias a la gente que nos ayudó a cumplir con todos los objetivos que teníamos planteados para este viaje. El equipo de Ecuapop es más grande que tres personas.

domingo, 30 de marzo de 2008

DIARIO DE VIAJE DE LA INMIGRANTE: LA VISITA A LOS DE ALLÍ



29 de marzo de 2008

PERDÓN

Me fui de Argentina, y al poco tiempo también se fue mi hermana. De un día para el otro, mis padres se habían quedado sin hijas, y no les quedó más remedio que reemplazarnos con clases de baile, reuniones más asiduas con amigos, trabajo y trámites, muchos trámites (en Argentina, la vida es un trámite y uno de los mayores enemigos: la burocracia).

Un inmigrante puede contar sus peripecias y sentimientos al recomenzar su vida en un nuevo lugar, pero difícilmente pueda vivir lo que le pasa a la gente que ha dejado.

(Voy a tratar de ponerme en el lugar de esa gente; ayer, mientras rodábamos las últimas imágenes de Ecuapop, percibimos esa congoja dual, vi la angustia de los que se quedan, y todavía la estoy contrastando con el dolor de los que nos hemos ido).

Los que se quedan se sienten orgullosos de los logros (o las mentiras) que nosotros los inmigrantes les contamos, y les relatan a sus amigos y familiares (aplicando una dosis variable de exageración, dependiendo del receptor) los éxitos de los que emigramos. Claro que cuando están solos y recapitulan lo que hablamos por teléfono, dijimos en el chat o la videoconferencia, les cuesta respirar porque se les hace un nudo bien sujeto en el estómago, un nudo tenso y revulsivo que les hace vomitar las nuevas palabras que vamos incorporando a nuestra jerga habitual, las ciudades o pueblos donde nos estamos acostumbrando a vivir y los nombres de las nuevas personas con las que estamos comenzando a compartir.

Así es que los que se quedan, aparte de odiar a los enemigos de la vida cotidiana, odian los aeropuertos, las maletas, los dormitorios y las sillas vacías, los lugares donde estudiamos, las empresas donde trabajamos, los policías que no nos defendieron, los ladrones que nos robaron, los políticos que elegimos y no cumplieron, las frases que decíamos y que perdimos, los…, las…

El tiempo pasa: ellos se acostumbran a odiar, a extrañar y a reemplazar; mientras que nosotros, inmigrantes ya asentados, nos aburguesamos.

¿Qué? ¿Que no generalice? Tienen razón. Esperen un momento mientras paso este texto por el tamiz de la relatividad.

YA ESTÁ.

Cuando me fui de Argentina, al poco tiempo también se fue mi hermana. De un día para el otro, mis padres se habían quedado sin hijas, y no les quedó más remedio que reemplazarnos con clases de baile, reuniones más asiduas con amigos, trabajo y trámites, muchos trámites (en Argentina, la vida es un trámite y uno de los mayores enemigos: la burocracia).

Mi familia y amigos se sienten orgullosos de los logros (o las mentiras) que les voy contando, y éstos les relatan a sus amigos y familiares (aplicando una dosis variable de exageración, dependiendo del receptor) mis grandes éxitos. Claro que cuando están solos y recapitulan sobre lo que hablamos por teléfono, dijimos en el chat o la videoconferencia, les cuesta respirar porque se les hace un nudo bien sujeto en el estómago, un nudo tenso y revulsivo que les hace vomitar las nuevas palabras que he ido incorporando a mi jerga habitual, la ciudad donde me estoy acostumbrando a vivir y los nombres de las nuevas personas con las que estoy comenzando a compartir.

Así es que los que dejé, y aparte de odiar a los enemigos de la vida cotidiana, odian los aeropuertos, las maletas, mi dormitorio vacío, los lugares donde estudié, las empresas donde trabajé, los policías que no me defendieron, los ladrones que me robaron, los políticos que voté pero no fueron elegidos, las frases que decía y que dejé de decir, los…, las…

El tiempo pasa: ellos se acostumbran a odiar, a extrañar y a reemplazar; mientras yo, inmigrante ya asentada, me aburgueso no tan lentamente.

Los inmigrantes vivimos con ese constante sentimiento de culpa, esa sensación de que hemos hecho sufrir a todos nuestros seres queridos. (Lo siento, otra vez caí en las generalizaciones).

Vivo con ese sentimiento de culpa, esa sensación de que hice y hago sufrir a todos mis seres queridos. Por eso, no es fortuito que haga Ecuapop junto a Víctor y Alfredo.







Mientras tanto: pido que me perdonen.

sábado, 29 de marzo de 2008

DIARIO DE VIAJE DE LA INMIGRANTE: LA VISITA A LOS DE ALLÍ

Día 28 de Marzo de 2008

EL SUEÑO ES LA MAYOR CONQUISTA DEL ARTE MODERNO

Tres horas y cuarto dan para mucho.

No recuerdo cómo, sí tal vez por qué: Ecuapop es objeto del setenta y cinco por ciento de nuestros pensamientos y sueños diarios;

Nos vi parados frente a la valla del aeropuerto de Quito, contemplando unas siluetas vacías que significaban el dolor de la gente que se queda (los de aquí), que observa cómo vuela la gente que se va (los de allí). Las siluetas eran de chapa, pero lloraban, y las lágrimas oxidaban su propia superficie. ¿La espera oxida?

Al poco rato, Alfredo y yo estábamos comiendo unos “camarones reventados”, un verdadero manjar que no pudimos disfrutar porque tuvimos que salvar a Víctor de las tenazas del cangrejo que estaba metido en su plato de tallarines con frutos del mar. El cangrejo maldito ni siquiera se amedrentó con la tabla de madera y el martillo que teníamos para asesinarle, así que otra vez, con una sincronización que no fue premeditada, salimos corriendo como cuando nos robaron.

Y aparecimos en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, entre libros, la cartelera de la filmoteca, fotografías de mujeres y museos que nos cerraban sus puertas porque ya era hora de cerrar.
Alfredo, el pobre Alfredo que ya había tenido suficiente hace unos días con el ataque del atracador, fue atrapado y reducido ante una obra de arte contemporáneo que estaba en el jardín de los alrededores y el cartel del Kentucky Fried Chicken (KFC). La K estuvo a punto de caerse en su cabeza, pero el viento estaba a su favor, y la maldita letra aplastó un ala de pollo frito que se pensaba libre, volando hacia otras franquicias.


Por suerte apareció Luz, y nos salvó de la mala racha de incidentes. Nos condujo al Teatro Prometeo, y pudimos contemplar la obra “Sólo cenizas hallarás”. Y todos reímos, y observamos con atención las tribulaciones de sus personajes. Todo exquisito, como el café que sirvieron antes y después de comenzar la función.


La noche, Luz, y esa misteriosa atmósfera quiteña nos llevaron hacia la zona de “La Ronda”, otro mundo dentro de una ciudad que con sus “bromas” nos había estado asustando todos los días. Un barrio de dos o tres calles que en su momento había sido una zona tan peligrosa que ni la policía se animaba a ingresar, y que gracias a diferentes actuaciones se logró rehabilitar para que los dueños de las casas gestionen sus propios negocios y continúen con el mantenimiento de la zona.


Y esta vez no recuerdo cómo, ni siquiera por qué, pero acabamos junto al diablo en su cumpleaños (claro, el diablo también cumple años, pero me figuraba que tendría muchísimos más de 40, como decía tener éste). El mismísimo diablo y su discípula Luz nos invitaron a quedarnos en el festejo. Vino, sopa de bolas de verde, camarones apanados con frijoles y arroz, un pastel de maracuyá y chocolate, la voz y la guitarra de Luz junto a un compañero de música y vida. Nosotros charlando, disfrutando y flotando en un aire que no imaginábamos cruzar. Agradecidos por las sonrisas que surgen cuando los planes se cancelan por conquista de la improvisación, volamos y regresamos al hotel.


A Mauricio se le había complicado la mañana, y tardó tres horas y cuarto en venir a recogernos. Tres horas y cuarto dan para mucho, hasta para pegar una cabezadita y conquistar el arte.

viernes, 28 de marzo de 2008

DIARIO DE VIAJE DE LA INMIGRANTE: LA VISITA A LOS DE ALLÍ

Día 27 de Marzo de 2008

LA CRISIS, LA EMPATÍA

Teníamos que volver a Quito, porque la agregada cultural de la Embajada de España nos esperaba a las 10 de la mañana. Por eso nos levantamos a las cinco y media de la mañana (ojo, no nos pareció para nada temprano, si decimos que por culpa del cambio horario venimos despertándonos entre las cuatro y media y las seis). Nos esperaba el desayuno de los panes ricos, los últimos minutos de la compañía de Marielena, su abrazo de despedida y el taxi que nos llevaría de vuelta a la ciudad.

Es asombroso el hecho de tardar tres horas (o un poco más) para recorrer una distancia de menos de doscientos kilómetros. Las carreteras no estaban tan mal, pero sí hay mucho tráfico, y muy poco respeto por las reglas básicas del buen conductor. Ni les cuento cuando entramos a Quito: los atascos son tan normales como lavarse la cara por la mañana.

Llegamos bien, nos dio tiempo a ducharnos y ponernos lindos. Nos esperaba Minerva y luego se sumó su jefa, una agregada cultural cuya presencia, discurso y formas sólo me inspiraron respeto y admiración.

Cumplimos con nuestra reunión y dedicamos el resto del día a mirar el material rodado y a planificar el resto del viaje: estamos muy conformes con lo que hicimos hasta ahora, y ya vamos llegando a la recta final. Nos organizamos tan bien que seguramente tendremos tiempo para ir mañana al teatro con Luz y Stalin.




Por la noche, solicitamos un taxi en el hotel para que nos llevara a alguna otra zona como La Mariscal (el barrio donde nos robaron). Mientras esperábamos el taxi, una señora extranjera pero que hablaba muy bien el español, solicitó un patrullero de la policía para que la acompañara a su vehículo, ya que había visto “movimientos raros” en el barrio. La policía llegó, y la acompañó sin poner objeciones. La gente que no pertenece a Latinoamérica no puede entender que la gente deba vivir con el constante miedo en el cuerpo. Yo tampoco, por eso me fui de mi país. Y todavía no comprendo cómo mis padres han llegado a acostumbrarse a vivir en una cárcel: una casa preciosa con alarma, rejas y próximamente, portón automático.

Ahí recordé cuando Mauricio, en el viaje de ida hacia Baños, me dijo: “es libre el que no depende del gobierno. Y yo soy libre”. Siento contradecirte, Mauricio, pero no creo que estés acertado: dices no tener miedo porque has tenido la suerte (sí, esa puta suerte del que gana la lotería) de que no te hayan robado. Pero por el sólo hecho de caminar por la calle con miedo, sujetando el bolso y mirando hacia todos lados, has perdido la libertad: tu pueblo (como el mío, por supuesto) ha perdido la libertad. Nadie se salva de la cárcel mental en Latinoamérica. Y tú tampoco, porque dices no tener miedo, pero sientes la maldita melancolía de no tener a tu familia cuando la quieres o la necesitas: eso tampoco es ser libre.

La recepcionista del hotel nos recomendó una zona que se llama Plaza de las Américas, que resultó ser un centro comercial con patio de comidas y tres locales comerciales. Asomamos la cabeza hacia fuera, para ver si la zona valía la pena ser recorrida, pero sólo vimos grandes avenidas y de sólo pensar en pasar por cinco metros de oscuridad nos hacía temblar las piernas.

Terminamos en un restaurante italiano porque ni siquiera había uno de comida autóctona. Y allí Alfredo, que había estado callado casi todo el día (hasta llegué a pensar que estaba enfadado con nosotros por algo) escupió lo que sentía. Pensaba y se preguntaba si la gente con la que habíamos estado (las mujeres maltratadas, las hermanas misioneras, los indios quisapincha) se habría sentido violentada por nuestra visita. ¿Qué pensarían de nosotros, grabando y sacando fotos, llevando algo de ropa y otros objetos para regalar? ¿Qué piensa y qué opinión formada tiene de nosotros una persona que vive, en algunos casos, gracias a la caridad de los demás? ¿Qué piensa esa persona cuando tiene a esa otra que le ayuda a 20 centímetros de distancia? ¿Cómo me sentiría yo ante una persona que viene a controlar si sus ayudas han valido la pena? ¿Quiénes nos creemos que somos al condenar la comida digna, decente, de un grupo de religiosos que entrega su vida para ayudar (bien o mal) a los demás? ¿Es que ellos no se merecen lo mismo que nosotros?

Claro, yo ya me había flagelado en el blog del día 25 de marzo, pero él todavía no había tenido la forma de hacerlo. Y ahí estaba, culpándose por haber prejuzgado y elaborado pensamientos que resultaron totalmente erróneos. Víctor, por su parte, no se sentía tan mal porque sus ideas se habían correspondido con lo que había visto (admiro su claridad para elaborar argumentos, y ¿por qué no? consuelos).

La botella de vino que bebimos tampoco sirvió de mucho. Tal vez otro consuelo sea hacer de Ecuapop una obra que lleve al público a la crisis que nosotros estamos padeciendo ahora, e incluso, podríamos agregar en el menú del DVD el siguiente apartado:

“Manual de instrucciones para crear seres empáticos”.

Sobre la empatía, el equipo de Ecuapop sabe bastante. Y no es chulería argentina, sólo relativilization.

jueves, 27 de marzo de 2008

DIARIO DE VIAJE DE LA INMIGRANTE: LA VISITA A LOS DE ALLÍ

Día 26 de Marzo de 2008

RELATIVILIZATION II: LA RABIA

El desayuno me recordó los panes y las “facturas” de Argentina. Hasta podía percibir el sabor de la levadura al degustar cada mordisco acompañado de mantequilla y mermelada.

Al acabar el desayuno nos estaban esperando en el patio las mujeres que habían participado en uno de los proyectos que la Asociación Santa Bárbara financió: la cría de pollos en manos de mujeres maltratadas, solteras o separadas. Muchas no pudieron evitar el llanto al relatar sus vidas, sus inconvenientes, su lucha por sacar adelante a sus hijos. Ni tampoco la emoción al agradecerle a María Teresa la ayuda que les dio. Nosotros tampoco estábamos inmunes a las emociones, pero en mi caso particular, tuve que contener mis lágrimas de rabia.




- Para nosotros es relativamente fácil ayudar a estos colectivos: sólo basta con resignar un año nuestras vacaciones en el exterior, o bien no gastarnos las fortunas que solemos en las fiestas navideñas, entre compra de billetes de lotería, delicatessen y regalos.
- Para los que deben administrar ese dinero, es relativamente difícil gestionar proyectos en los que el bienestar de las personas se traduzca a largo plazo. Estas señoras han criado pollos, han vendido unos cuantos, han comido otros tantos, y ahora su vida sigue igual que antes de aprender las tareas básicas de una granja.
- Para los que reciben estas ayudas, es relativamente difícil no caer en el facilismo y quedarse esperando a que gente pudiente les dé una mano, en proyectos que a veces no resultan tan beneficiosos como se piensa.

Camino al Hogar de las Hermanas Misioneras, creado y guiado por el padre Jesús Tamayo, me sentí impotente y extremadamente inútil al no poder encontrar la vuelta de tuerca para que las cosas funcionen correctamente. El engranaje perfecto no existe. Todos ustedes, los lectores de este blog, se deben estar riendo de mí porque creo que el mundo aún se puede cambiar.. ODIO NO PODER CAMBIAR EL MUNDO. Pero más odio todavía resignarme a no poder cambiarlo.



Las hermanas misioneras provienen todas de comunidades indígenas. Son mujeres estudiadas, que con su aprendizaje logran ayudar y formar a sus pueblos. Aprenden oficios y maneras de desarrollo con la premisa básica de no perder su identidad. Claro que el mundo globalizado les juega en contra, sobre todo cuando llegan a las aldeas los vendedores de televisores o celulares (no hace mucho asiduos gracias a que se ha logrado que llegue la luz eléctrica) y les regalan a los compradores una interesante deuda de cinco años o más.




También sucede que la educación juega el papel de arma de doble filo: al leer, al aprender, al conocer, al estudiar, se abren mundos nuevos e irresistibles si los comparas con la vida dentro de una casa de barro y techo de paja, condiciones extremas a más de tres mil metros de altura, y la austeridad que va de la mano junto con las manifestaciones culturales y de ocio.
Entonces: ¿ni siquiera es buena la educación para el desarrollo de los desfavorecidos? Marielena y el padre Jesús estaban contentos porque habían ayudado a un joven indígena a que saque adelante su carrera de medicina, con la fortuna de llevar intrínseca la conciencia de cooperación y ayuda a su pueblo que muy pocos manifiestan tener cuando se convierten en profesionales. REPITO con otras palabras: ¡Se ponen contentos porque uno entre varios decide aplicar su profesión para ayudar a su gente! Uno entre muchos. Esos muchos que se van a España, a Estados Unidos, o a las ciudades, esos muchos que ingresan en un nuevo mundo, EN NUESTRO MUNDO.



Un mundo que lamentablemente carece de iniciativa para renovar las formas eclesiásticas caducas, esas maneras que son totalmente incompatibles con el trabajo del padre Tamayo. Es el mundo donde vive el equipo que hace Ecuapop, sus protagonistas, y ustedes lectores. Pero también un mundo con gente que ayuda, lucha, pelea y sangra. Y las heridas no se cicatrizan, porque van cargadas de la complejidad de las cosas ante nuestra actitud crítica.


Relativilization.

Nota: Significado de relativilization: Palabra inventada por la inmigrante guionista y con fonética globalizada. Dícese de la acción de aplicar la relatividad de las cosas a las civilizaciones que conocemos.

DIARIO DE VIAJE DE LA INMIGRANTE: LA VISITA A LOS DE ALLÍ

Día 25 de Marzo de 2008

FLAGELACIÓN DE LA INMIGRANTE

Mauricio nos pasó a recoger a las 7 de la mañana para llevarnos a Baños, un pueblo turístico que se caracteriza por sus aguas termales, por los deportes extremos como el rafting y el puenting, y por los despertares del volcán Tungurahua.
Nuestro objetivo era conocer a la hermana Marielena, una monja colombiana que gestiona una casa de retiro y ayuda como puede a la gente de los alrededores. Marielena administra el dinero que le envía María Teresa, una señora de Onda que fundó la Asociación Santa Bárbara, la cual también nos ha dado dinero para producir “Ecuapop”.


El equipo de Ecuapop vino a estas tierras condicionado por las opiniones que los demás tenían acerca de la gestión del dinero que se envía para ayudas, y por aquellas personas que para limpiar sus conciencias dicen que esas cantidades nunca llegan a destino o a buen puerto (se justifican para sentirse tranquilos y seguir haciendo zapping ante el televisor). Así es que vinimos cargados de las siguientes ideas preconcebidas:

- La ayuda que envía la asociación se debe quedar en el estómago de la monja y de los curas.
- El dinero que envía la asociación se lo queda el cura para viajar a España u otro país cuando le viene bien.
- La ayuda que envía la asociación se debe quedar en el estómago de la monja y de los curas.
- Las madres solteras deben estar igual o peor que antes: y encima, la monja les lava el cerebro a diario con la obsoleta Palabra de Dios.
- La ayuda que envía la asociación se debe quedar en el estómago de la monja y de los curas.

Llegamos a Baños cerca de las once de la mañana, y Marielena nos esperaba con una mesa llena de frutas, sabrosos panes, queso y café. Entonces, agregué una nueva idea a mis pensamientos: la ayuda que envía la asociación se debe quedar en el estómago de la monja, de los curas, y… ¡DE NOSOTROS! Para peor, a los pocos minutos vinieron cuatro curas a “saquear” la mesa que Marielena nos había preparado, acción que causó en mí el efecto “mechero”: me encendí. Me obligué a coger la cámara y a trabajar con Víctor haciendo tomas de las instalaciones, mientras Alfredo refutaba, tratando de ser diplomático, los argumentos de uno de los padres.

Pero había algo que no cuadraba: Marielena tenía en su despacho-comedor, una foto del Che Guevara, debajo la de Ratzinger, y al costado izquierdo la de varios curas de la Teología de la Liberación (a algunos de los cuales ella llamaba “mis Santos”) cuyas formas de propagar la fe cristiana se traducían y traducen en proyectos sociales para generar conciencia y reflexión en los colectivos más desfavorecidos.

Mientras comía, el efecto mechero continuaba su labor incendiaria, y las llamas me decían: “curas machistas, vienen a comer, a ser servidos, y más que el amor y respeto al prójimo predican la vuelta de “la Sección Femenina”. Hasta que pasado el postre, todos se levantaron, recogieron la mesa, fregaron y secaron los platos.

Luego, Marielena nos condujo hasta FUVIRESE, un centro de fisioterapia y estimulación temprana para niños con problemas motores y mentales. ¡Qué bien administrado estaba el dinero que la Asociación Santa Bárbara había enviado! Y como llovía, una gota apagó las llamas que con eficiencia habían quemado mis preconceptos de chica-inmigrante-agnósticamente-declarada.
.
En la cena, Marielena nos contó cómo son las misas que organiza para los indígenas y la gente de Baños: hablar sobre la globalización, el capitalismo y los efectos que causan en la sociedad, sentados en ronda, compartiendo el pan y el vino de Cristo. Nada de altares, ni cálices, ni sermones ortodoxos. Sólo una hostia: la que me pegué por desconfiar de la capacidad de entrega y buenas intenciones de una gran mujer.

Mañana conoceremos al padre Jesús Tamayo, y puede que también me pegue otra hostia.