miércoles, 10 de septiembre de 2008

Mundialito de Granada: La primera experiencia negativa (Parte 1)

Alfredo Llopico y Víctor Pérez (dos de los creadores de ECUAPOP) asistieron a la entrega de premios del Mundialito de Granada, invitados por los organizadores del mismo para proyectar el documental. A continuación les transmitimos las sensaciones y reflexiones de Alfredo, un testimonio cargado de indignación y que invita a la reflexión de todos nosotros. Así como en nuestra película quisimos mostrar una mirada positiva sobre la inmigración, también nos sentimos en la obligación de denunciar los aspectos negativos que tal vez ocasionan más inconvenientes a la hora de integrarnos.


Castellón, 25 de agosto de 2008

Si la energía, esfuerzo y tiempo que destinamos a juzgar a los demás, y a buscar agentes externos a los que culpabilizar de nuestras desdichas los dedicásemos a realizar un ejercicio de introspección con el fin de conocernos mejor, las cosas serían, indiscutiblemente, de otro modo. Pocas veces destinamos el menor esfuerzo a conocernos, a mirar dentro de nosotros mismos y reflexionar sobre nuestras actitudes y comportamientos, a descubrir quién somos, cuáles son nuestras capacidades y cuáles nuestras limitaciones. Probablemente es un ejercicio que queremos considerar difícil o más bien estéril porque, sin duda alguna, nos produce temor. Nos produce temor descubrir quiénes somos y no queremos reconocer que hay aspectos de nosotros mismos que no nos gustan, que no gustan a los demás y que mientras no cambiemos nuestras vidas serán las mismas. Al mismo esfuerzo los mismos resultados, a las mismas acciones las mismas consecuencias.

Cuando nos referimos a la inmigración utilizamos muchas veces palabras como respeto, integración, interculturalidad, hermanos… pero no nos detenemos a comprender cuál es el verdadero significado, la verdadera intención de estas palabras. No hacemos ese ejercicio de introspección sobre su significado verdadero.

El 23 de agosto fuimos a Granada a presentar Ecuapop en el marco del cuarto mundialito de la inmigración, un festival deportivo coordinado por la asociación de inmigrantes ecuatorianos Eloy Alfaro, organizado con el objeto de integrar mediante el deporte, mostrando las costumbres de las diferentes culturas que conviven en nuestro territorio. De este modo se vive una fiesta deportiva de integración los meses de julio y agosto, sin distinción de raza ni credo, y con la participación de equipos, masculinos y femeninos, de todas las edades.

Esta actividad que comenzó el pasado 19 de julio, estaba prevista que concluyese el día 23 de agosto con la entrega de los premios a los distintos equipos participantes así como la participación en directo de diversos grupos folclóricos de las distintas asociaciones colaboradoras y la proyección de Ecuapop en el Centro Cultural de las Gabias de Granada. Para ello contó con la presencia del Embajador del Ecuador en España, D. Nicolás Issa Obando, así como también de la compañía de autoridades locales y autonómicas y dirigentes de asociaciones de ecuatorianos asentados en Andalucía.

Llegamos a Granada puntualmente a nuestra cita. Con antelación al acto de clausura se había previsto una comida con las distintas asociaciones y el embajador. Al llegar al restaurante no había ninguna señalización ni persona para indicarnos, pero como preguntando se llega a Roma, llegamos al salón de la comida y esperamos, puesto que ya hemos asimilado que en el caso de los ecuatorianos la falta de puntualidad no es un prejuicio tópico. Es un juicio real. Por eso nadie se extrañó de la tardanza y cuando finalmente todo el mundo llegó, la comida dio inicio como si todo se estuviese desarrollando según lo previsto.

Me sorprendió lo próximo y relajado del protocolo durante la comida con el máximo representante del cuerpo diplomático de Ecuador en España. Algo que a todas luces sería completamente impensable si la comida hubiese sido con el embajador del Reino Unido, por citar otro país al azar. Ciertamente, las formas, el protocolo excesivamente reglamentado a veces están de más. El problema es cuando sólo hay formas porque la campechanía y la cercanía de alguien no disculpan ni tapan otros comportamientos, como son la falta de puntualidad que, en España, es una obligación que debemos autoexigirnos sistemáticamente por respeto debido a los demás.

Al terminar, entre fotos y saludos, nos indicaron el lugar de la actividad y para allí nos fuimos tranquilamente puesto que, aunque debíamos iniciarla con nuestro documental, se había retrasado media hora su inicio con respecto al programa que nos habían previamente facilitado.

Y de nuevo se volvió a repetir lo de la comida. Improvisación, falta de previsión, falta de puntualidad, falta de rigor en el desarrollo de la actividad… Lo que coloquialmente diríamos actuar sobre la marcha.

Hicimos 1500 kilómetros para estar en la casa de nuestro anfitrión. Hicimos 1500 kilómetros para acudir a la invitación que nos habían cursado. Hicimos 1500 kilómetros con nuestro vehículo para pasar una noche en Granada que pagamos nosotros mismos, después de pagar de nuestro bolsillo la gasolina para llegar allí y aportar nuestro testimonio de integración, para descubrir que tras posponer y posponer la exhibición de nuestro documental con la participación de otros colectivos locales, nos invitaban amablemente a quitarlo tras los títulos de crédito iniciales porque la actividad se había extendido demasiado en el tiempo y el señor embajador tenía que cenar.

Integrarse no es invitar a todas las asociaciones de inmigrantes de los alrededores para organizar un mundial de fútbol compuesto por equipos de inmigrantes de un país contra inmigrantes de otro país y luego repartirse medallas los unos a los otros.

Integrarse no es ser serviles ante el señor embajador y aplaudirle con los ánimos enardecidos ante su arenga populista de engolado acento y soflamas patrias.

Integrase no es exportar miméticamente aquellas actitudes que nos condujeron en nuestras sociedades de origen a tener que buscar un futuro mejor en otro lugar.

Integrarse no es generar un microcosmos de nuestra identidad y amurallarlo para que no se contamine de la identidad de la sociedad a la que hemos llegado.

Integrarse no es dar pena, rebozarse de excusas, disculpas y pretextos una y otra vez.

Integrarse es ofrecer lo mejor de donde vinimos y unirlo a lo mejor de donde llegamos. Es tomar los valores de los dos lugares y fusionarlos en algo mejor. Eso es crecimiento, evolución, dinamismo, prosperidad… Pero para conseguirlo es necesario hacer el ejercicio de introspección que nos permita descubrir quién somos para ser capaces de prescindir de aquellos valores y actitudes que no nos permiten conseguir el ejercicio de la plena integración. Porque integrarse también depende de nosotros.

1 comentario:

Marc Monje dijo...

¡Fantástico escrito!

Un saludo.